El artículo analiza los peligros potenciales de los sistemas que parecen estables en la superficie, destacando que en momentos aparentemente tranquilos, los desequilibrios profundos y los problemas ocultos pueden ser pasados por alto. La estabilidad a largo plazo normaliza las injusticias, lo que lleva a una falta de reflexión y motivación para el cambio en la sociedad. Los mecanismos de control se refuerzan en medio del orden, enmascarando los costos reales, y eventualmente pueden conducir a una crisis mayor. La ilusión de estabilidad hace que las personas ignoren los riesgos potenciales, y el verdadero desafío radica en romper con este silencio y complacencia.