Acepta esta verdad incómoda:
No arruinas cuentas porque no puedas operar.
Arruinas cuentas porque una parte de ti disfruta de la intensidad.
Una vez que sientes dolor, cambias a modo temerario en lugar de modo disciplinado.
La emoción.
La sensación de ir con todo.
Esa es la capa de la adicción.
Y la combates con límites, no con fuerza de voluntad.
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