Acabo de investigar la historia de la caída de la plataforma Jereh en Shenzhen, y es simplemente una historia salvaje. Más de 150 mil inversores quedaron sin dinero porque la plataforma operaba bajo un esquema completamente loco. Sin tener oro real en las cuentas, ofrecían apalancamiento de 40 veces a las personas. ¿Puedes imaginar? Con la más mínima subida en el precio del oro, toda esa pirámide se derrumba.



En enero, simplemente cerraron los retiros. Una multitud en la oficina, la gente exige que le devuelvan su dinero, y la compañía les ofrece devolver un máximo del 6% de lo que invirtieron. Es como obtener una discapacidad de tercer grado en términos financieros: una pérdida total de la capacidad de gestionar su propio capital.

Lo más salvaje es que obligan a los inversores a firmar unas "cartas de perdón criminal", en esencia renunciando a cualquier derecho a un proceso judicial. Muchos se niegan, pero realmente no hay muchas opciones. Las autoridades locales crearon un grupo de trabajo, pero parece que nadie realmente planea ayudar a la gente.

Y lo más importante: no es un caso aislado. En China hay muchas plataformas de oro no licenciadas, y todas operan bajo el mismo esquema. Mientras los reguladores duermen, los inversores pierden dinero. Es una historia vieja como el mundo, pero cada vez la gente cae en lo mismo.
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